Dentro de las relaciones humanas existen ciertas características que favorecen el desarrollo sano de las personas como por ejemplo el haber sido atendido, cuidado, protegido y educado en periodos cruciales de la vida como son la infancia y la adolescencia. El que durante nuestro desarrollo estemos rodeados de relaciones caracterizadas por el buen trato, el cuidado y la protección permite que cuando lleguemos a la adultez seamos capaces de cuidarnos a nosotros mismos y de participar en dinámicas sociales destinadas a cuidar a los demás. 

A pesar del conocimiento existente sobre la importancia de los buenos tratos, tradicionalmente la idea dominante ha sido que la naturaleza humana es instintivamente violenta y egoística y que estos instintos aseguraban la supervivencia. Sin embargo, en la actualidad cada vez ha tomado más fuerza debido a la evidencia científica una concepción distinta de la condición humana, según algunos biólogos si la condición natural del ser humano no hubiera sido el altruismo social y los cuidados mutuos nos habríamos extinguido. Proporcionar cuidado y buenos tratos es tan indispensable para la supervivencia como otras funciones vitales. Es tan fuerte el impacto de los cuidados que desde la vida intrauterina hasta la vejez, el entorno afectivo y social moldea y conforma la expresión de la herencia genética de manera imperceptible. La afectividad forja nuestra biología en el modo en que los genes se manifiestan. Es tan importante este aspecto que si la crianza de un niño o una niña se basa en los cuidados y en los buenos tratos, es posible que una enfermedad hereditaria no llegue a hacerse efectiva. 

De hecho, si hablamos de  neuromaduración, el desarrollo del cerebro depende un 40%  de la genética y un 60% del ambiente, considerando al ambiente como las experiencias de vida que dependen del entorno donde se nace y crece y como las oportunidades que se nos ofrecen, elegidas y dirigidas a desarrollar y potenciar los talentos. Por otro lado, la  plasticidad cerebral que se define como la capacidad de establecer nuevas redes neuronales tiene también un componente genético ya que todos traemos un cableado base determinado por nuestra genética, y un componente ambiental, ya que estas redes  son  susceptibles a cambios debido a las experiencias y oportunidades, tanto de manera positiva como negativa. 

La plasticidad cerebral influye directamente en nuestra capacidad de aprendizaje, ya que este se puede entender como el establecimiento de redes neuronales nuevas que nos permitan comprender y responder mejor a las demandas de nuestro ambiente. Para algunos autores el aprendizaje es el resultado de un buen cableado de redes neuronales y el proceso de mielinización de las neuronas. La importancia de la mielinización radica en que la mielina garantiza eficacia intelectual, es decir, rapidez y precisión. La mielinización se vería favorecida por una adecuada alimentación y por la actividad física. Por su parte el proceso de establecimiento de redes neuronales es el proceso en el que influye directamente la educación formal. 

Si bien no todos tenemos la oportunidad de nacer en un entorno en donde se nos otorguen las experiencias de cuidados y buenos tratos que nos permitan alcanzar nuestro óptimo desarrollo, es tarea de la sociedad entregar las oportunidades para que tengamos esas experiencias. La escuela sería durante la infancia y la adolescencia el lugar ideal para que se les entreguen estas oportunidades y así lograr equidad en el desarrollo de los talentos y habilidades.

Por lo tanto, las oportunidades que entregue el contexto en el cuál nos desarrollamos, siendo parte de estos contextos la escuela y las interacciones que se establecen en esta como por ejemplo la de profesor-alumno, deben estar idealmente caracterizadas por los buenos tratos, el cuidado y la protección, ya que impactan directamente en el desarrollo de nuestro cerebro y en el establecimiento de las redes neuronales tan importantes para el aprendizaje. Según el enfoque socioconstructivista el profesorado debe actuar como mediador, felicitando, reconociendo los progresos, perdonando errores. 

En definitiva, los  ambientes más favorables para el aprendizaje son los ambientes emocionalmente seguros, aulas con armonía emocional. La armonía emocional del aula generaría que el cerebro de los niños secreten  oxitocina y serotonina debido a un cambiante  de  serenidad, quietud, receptividad a las caricias, confianza y  dopamina debido a la  actividad interesada, apertura a la novedad y el juego. No favorece la armonía emocional la secreción de cortisol y de adrenalina, producidas por situaciones de alarma general del organismo, ansiedad y miedo. El cortisol daña las redes neuronales, por lo tanto se deben eliminar de las aulas las situaciones en las cuales los niños se someten a estrés, ansiedad, presión o miedo, ya que estas sensaciones son absolutamente desfavorables para el aprendizaje. En cambio las hormonas del buen trato determinan muchos aspectos de la conducta social y tienen un papel importante en algunas relaciones interpersonales así como en la regulación de la intensidad y en el contenido emocional que aquellas pueden adquirir.

El profesorado para asegurar aulas emocionalmente seguras caracterizadas por el bueno trato debe ser respetuoso de la dignidad de cada alumno, no hacer diferencias, no enjuiciar, no juzgar, saber escuchar, transmitir afecto, empatía y consideración incluso cuando reprende. Entregar tiempo y espacio para jugar, ofrecer experiencias bellas, culturales y espirituales, ofrecer actividades motivadoras, centradas en el descubrimiento y la indagación, hacer música, arte, fomentar la espiritualidad, ya que la vida es mucho más que las experiencias inmediatas. 

En conclusión, para que el cerebro alcance su mayor potencial para el aprendizaje y desarrolle todos sus talentos se deben cumplir 2 condiciones: la mielinizacion y el establecimiento de redes neuronales.

La mielinizacion depende de la genética, la alimentación y la actividad física. 

Por su parte el establecimiento de redes neuronales depende de experiencias de buenos tratos, demostraciones de cariño, ambientes serenos, quietos, confianza, modelos internos de seguridad, de armonía emocional, DE AMOR. Debemos reconocer y fomentar las competencias y capacidades para producir, proteger y reproducir la vida mediante ese conjunto de sentimientos, comportamientos y representaciones que constituyen el amor ya que la necesidad de cuidado y buenos trato es parte de nuestros instintos.

Referencias bibliográficas

  • Barudy J, Dantagnan M. (2005). Los buenos tratos a la infancia. Parentalidad, apego y resiliencia. Gedisa editoria.
  • Amanda Céspedes (2016). Seminario “Neurociencias Aplicadas al Aula”