Resulta indispensable el contacto entre personas que comparten el mismo techo, aquellos con los que compartimos cierta dependencia afectiva y proyectos personales. Aquellos que construyen nuestro guion de vida.  Esa armonía vivencial, fruto de un trabajo compartido gracias al encuentro entre dos individuos que decidieron compartir caminos.

El amor y el confinamiento, escenario perfecto para aquellos que lejos de alejarse han encontrado en esta realidad un espacio privado atemporal de novela de ficción. Pero el amor no es uno sino muchos. Tan único e irrepetible como amantes hay en la tierra.

Para el padre del Psicoanálisis, podemos definir al amor como en el plano del orden del deseo y como tal es insatisfecho. Esa sensación de completud con otro carente de imperfecciones y que viene a cubrir aquello que nos falta.  Esta primer etapa o momento caracterizado por el enamoramiento es temporal, ya que el amor implica la aceptación de las diferencias del otro que lejos de ser perfecto, posee defectos como cualquier otro. Un amor maduro como constructo permanente que debe alimentarse como el bien más preciado.  Ese pasaje del enamoramiento al amor genera angustia y deberá procesarse para poder dar lugar a la aceptación.  El poder de esa afinidad que impulsa los cuerpos hacia la búsqueda de sueños compartidos que toman vuelo en situaciones adversas. Partícipes de una historia que forjará sus corazones para siempre.

Según Robert Jeffrey Sternberg, psicólogo estadounidense, el amor de pareja es la relación afectiva que comparten dos personas. Es la decisión de compartir tiempo con una persona y de vivir experiencias.  La actual pandemia no sólo ha profundizado separaciones. Produjo una ruptura de la rutina profundizando y favoreciendo a la convivencia y el tiempo compartido donde se hacen presente 3 componentes. La intimidad como cercanía y unión, fomentadas por la intención de crear un vínculo duradero. La pasión, como la excitación y atracción física manifestadas a través del sexo.  Y el compromiso como el desarrollo de proyectos y objetivos comunes que promuevan una construcción a largo plazo.

Más allá del contexto

Para Helen Elizabeth Fisher, antropóloga y bióloga estadounidense e Investigadora del comportamiento humano en la Universidad Rutgers, el amor podría sostenerse más allá del paso del tiempo y las adversidades. Para averiguarlo, escogió a diez hombres y siete mujeres casados durante una media de 20 años y los sometieron a una resonancia magnética, mostrándoles imágenes de sus seres queridos.  Los resultados mostraron que cuando veían la imagen, su cerebro se comportaba de forma similar al de las personas recién enamoradas. Por lo tanto, imágenes por resonancia magnética han revelado que en el cerebro de algunas parejas que llevan décadas juntas se activan las mismas zonas que en los nuevos amantes.

El amor no responde a protocolos. No distingue edades ni factores de riesgo. No existen pautas universales para amar o para expresarnos. Sólo el compromiso de estar para un otro más allá de los protocolos.