Alfred Binet nació el 8 de julio de 1857 en Niza, Francia y muere el 18 de octubre de 1911 en París. Se trata de un destacado investigador de la psicología francés – también abogado – cuya contribución más resonante es la medición del coeficiente intelectual mediante la escala Binet-Simon.

Binet era dueño de una personalidad de intereses amplios, siendo así que antes de dedicarse a la psicología estudió derecho (1878, universidad de París) para, posteriormente, tomar una serie de asignaturas vinculadas con medicina, fisiología y física en la universidad de La Soborna, hecho que lo llevó a trabajar en el Hospital de la Salpêtrière en París, lugar  donde conoce y colabora con Jean-Martin Charcot. Más adelante, en 1901, llegará a ser director del Laboratorio de Psicología de La Sorbona, cargo al que accede producto de su destacada experiencia e investigación puesto que no existen registro de que obtuviera una titulación en medicina, ni en psicología. 

Binet quien, como viéramos, trabajó cooperando con Charcot en el hospital de la Salpêtrière al inicio de su trabajo investigativo se mostró, en un primer momento, muy entusiasmado con la visión y perspectiva explicativa de Charcot en torno a la utilización de la hipnosis. Sin embargo dicho entusiasmo inicial se iría paulatinamente diluyendo. Es así que ya en el año 1892, expresaba que una gran proporción de los estudios desarrollados por Charcot presentaban una serie de errores, de entre los que Binet destaca: falseamiento de los resultados donde, recurrentemente, la causa se relacionaba con la influencia (ascendencia) del investigador sobre los pacientes (como efecto de la sugestión). Producto de lo anterior, termina distanciándose de Charcot y de las perspectivas terapéuticas basadas en la hipnosis.  

Otro tema interesante, en el desarrollo investigativo de Binet se expresa en su trabajo de 1895 respecto del estudio de la memoria por medio de la introspección, al punto de desarrollar la versión francesa (parisina) de lo que se conoce como el método introspectivo sistemático. Binet, en este contexto documental, expone que lo que define a la psicología es el uso de la introspección y, entendido aquello, la memoria puede ser estudiada de manera experimental. Si bien trabajar por medio de la introspección ofrece dificultades importantes debido a la naturaleza difusa del diálogo interno, Binet valoró, más que la exactitud del recuerdo (la objetividad del mismo), el modo en que el sujeto recuerda los acontecimientos u objetos. La memoria, para Binet, difiere de la idea de que se trata de un engranaje fisiológico que reproduce de sensaciones viéndola, en cambio, “como un grupo complejo de estados de conciencia que tienen por objeto el conocimiento de un objeto exterior”1. Es interesante hacer notar que para Binet la memoria no es un receptáculo inocuo que refleja, cual espejo, aquello que ve. Se trata de una entidad cargada de juicios. 

Hay, en Binet, una suerte de homologación o de estrechísima relación entre la memoria y la introspección, puesto que es a través de esta última que se puede acceder a los contenidos mentales, tales como el sentido interno, la conciencia; es (la introspección) el acto de percibir directamente aquello que nos acontece, que nos acomete, aquello que pensamos, sentimos, los juicios y sensaciones relacionadas a nuestros recuerdos.

En cuanto a la experimentación, el uso de la introspección supone la existencia de una relación entre un fenómeno psicológico y otro fenómeno externo: “la experimentación (utilizando la introspección) consiste en aprovechar esta correlación de fenómenos para llegar a conocer, modificando uno de los dos términos, los efectos que esta modificación produce en el otro”2.

En términos prácticos, la introspección experimental procede presentando al entrevistado un inductor, el cual puede ser una palabra, imagen, un número o una frase frente a lo cual el entrevistado entregará una respuesta describiendo, además, su estado interior (sensaciones, emociones, pensamientos). No es relevante la exactitud del recuerdo sino el estado amplio del sujeto a propósito del elemento inducido (estado anímico, sensaciones, pensamientos y emociones elicitadas como respuesta al elemento inductor).

La perspectiva de Binet sobre la introspección – y en definitiva de lo que se recuerda, de la memoria – se opuso a la imperante en su tiempo que entendía a la memoria y, en general a los procesos mentales, como objeto de estudio de la fisiología. Además, en conjunto con desarrollar un nuevo camino de experimentación y de obtención de conocimientos, le sirvió al propio Binet para lo que, luego, sería su trabajo más resonante: su trabajo sobre la inteligencia.

El legado más reconocido de Alfred Binet a la psicología radica en su enfoque sobre la inteligencia humana y en cómo medirla. En su época, la inteligencia era un concepto más bien abstracto, de muy difícil definición y, por lo tanto, sus sistematización era casi inexistente. Con ese telón de fondo, el psicólogo francés se hizo a la tarea de desarrollar un método racional para evaluar la inteligencia que mitigara el cariz abstracto vinculado a ésta y, de paso, generar una instancia nueva que despejara la dependencia de opiniones más bien subjetivas al respecto. 

En conjunto con el médico Théodore Simon, Binet trabajó en la medición de la inteligencia resultando, de dicha colaboración, el Test (o escala) de inteligencia Binet-Simon. Esta escala fue diseñada para evaluar el nivel de desarrollo intelectual de los niños en comparación con otros niños de su misma edad. El objetivo principal del test era identificar a aquellos niños que podrían necesitar ayuda adicional en su educación, más que establecer una medida estática de la inteligencia.

El test se basaba en una serie de tareas y preguntas que aumentaban en dificultad progresivamente. Estas tareas abarcaban una variedad de áreas cognitivas, incluyendo habilidades verbales, numéricas y de resolución de problemas. Binet y Simon creían que las respuestas correctas a estas tareas podrían proporcionar una indicación de la capacidad mental del individuo.

El test de Binet-Simon se enfocaba en varios aspectos, tales como:

Memoria y Atención: Se incluían tareas que medían la memoria y la capacidad de atención de los niños, como recordar una serie de números o letras en orden.

Razonamiento Verbal: Se presentaban preguntas que requerían que los niños dedujeran relaciones verbales y resolvieran analogías verbales.

Resolución de Problemas: Los niños enfrentaban problemas lógicos y matemáticos de creciente dificultad, con el propósito de evaluar sus habilidades de resolución de problemas.

Comprensión: Se incluían preguntas que evaluaban la comprensión de conceptos sociales y la capacidad para aplicar el sentido común en situaciones cotidianas.

Habilidades de Lenguaje: Las tareas en esta categoría evaluaban el vocabulario, la gramática y la capacidad de comprender y seguir instrucciones verbales.

El resultado del test se expresaba en términos de «edad mental». Si un niño de cierta edad cronológica obtenía una puntuación similar a la mayoría de los niños de una edad mayor, se decía que tenía una «edad mental» equivalente a esa edad mayor. Así por ejemplo, si un niño de 8 años tenía una edad mental de 10 años, significaba que sus habilidades intelectuales eran comparables a las de un niño promedio de 10 años.

Es importante destacar que Binet y Simon no creían que la inteligencia fuera una característica fija e inmutable, sino que podía ser influenciada y desarrollada a lo largo del tiempo. Su enfoque estaba en identificar a los niños que podrían beneficiarse de intervenciones educativas adicionales para alcanzar su máximo potencial.

Aunque el test de Binet-Simon fue un hito en la medición de la inteligencia, también enfrentó críticas y desafíos en su aplicación y diseño. Sin embargo, su trabajo sentó las bases para el desarrollo de pruebas de inteligencia posteriores y desencadenó una revolución en cómo se comprende y evalúa la inteligencia humana.

En resumen, Alfred Binet, fue un personaje importante que dejó aportes perdurables en el área de la psicología y la pedagogía especialmente, entregando nuevas vías de entendimiento sobre temas siempre presentes en la psicología tales como: memoria, procesos mentales, introspección, inteligencia, entre otros. La Escala de Inteligencia de Binet-Simon, su contribución más imponente, se convirtió en el precursor de innumerables pruebas de inteligencia que se desarrollaron en las décadas posteriores. Además, su énfasis en la importancia de considerar la edad mental y el desarrollo intelectual en relación con la edad cronológica allanó el camino para una comprensión más sofisticada de la inteligencia humana. A pesar de las críticas y los desafíos, el enfoque pionero de Binet sentó las bases para la psicometría moderna y continúa influyendo en cómo evaluamos y entendemos la inteligencia en la actualidad.

  1. Los comienzos del estudio experimental del pensamiento: el método de Wurzburgo y el método de Paris a principios del siglo XX. Pérez-Delgado, E.; Molto, J.; García-Ros, R. https://journals.copmadrid.org/historia/archivos/fichero_salida20220923105827541000.pdf ↩︎
  2. Los comienzos del estudio experimental del pensamiento: el método de Wurzburgo y el método de Paris a principios del siglo XX. Pérez-Delgado, E.; Molto, J.; García-Ros, R. https://journals.copmadrid.org/historia/archivos/fichero_salida20220923105827541000.pdf ↩︎