Corría el año 1974 y un joven estudiante de Psicología, no tuvo otra idea mejor que invertir el importe de una beca que le habían otorgado para sus estudios, en la edición a “ciclostil” del libro de Wilhelm Reich, La revolución sexual, la obra maestra de este psicoanalista austriaco, icono de la revolución de mayo del 68 y de parte de la juventud española universitaria de la década de los 70. La inversión fue un fracaso porque, al final, acabó regalando los libros, por miedo a que lo detuviera la policía político social -la secreta- de la época, pero aquello fue lo de menos, porque el joven aquel, impetuoso, era el peor inversor que yo había conocido.

Viene esto a cuento para dar una idea de la personalidad arrolladora, de la pasión por sus ideales, de mi querido y buen amigo Julián Fernández de Quero, que hoy ha fallecido en Madrid como consecuencia de este virus que nos está dejando el corazón hecho pedazos, truncando una anhelada jubilación a la que tenía todo el derecho, junto a su afectuosa mujer y a sus hijos e hijas. Ni siquiera nos ha permitido decirle el último adiós y abrazar a su familia. Por tal razón le escribo estas líneas que pongan algo de quietud a este desasosiego que me invade.

Julián Fernández de Quero

Además de un militante activo de la Junta Democrática y del PCE de aquella época, era un incansable luchador por la igualdad de hombres y mujeres y del estudio de la Sexología en España. Fue pionero en nuestro país de muchas y buenas iniciativas como la Fundación SEX-POL y de las primeras asociaciones profesionales de Sexología, en unos tiempos en los que no eran bien vistas tales tareas. Siempre fue por delante. Ahora estaba entusiasmado con AHIGE, la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género. Por sus clases han pasado cientos de profesionales que han seguido sus lúcidas enseñanzas impregnándose de su humanidad y sabiduría. Ha publicado varios libros sobre Sexología y otros acerca del nuevo papel de los hombres en la sociedad contemporánea y la necesidad de luchar por la igualdad entre hombres y mujeres estaba en su bitácora personal de manera permanente.

Siempre viajando por España, compartiendo sus conocimientos y su entusiasmo por la educación sexual. Recuerdo, por ejemplo, su participación en el Máster de Sexualidad y Género que se realizaba en Granada y de sus sabias enseñanzas, no solo en las clases, sino en los debates posteriores junto a Ana Navarro a la que, le decía cariñosamente que, aunque la sociedad no estaba preparada para ello, todavía, había que seguir peleando por otra menos desigual y más justa. El, a no dudar, lo hizo con la generosidad que a modo de impronta personal le caracterizaba. Bondad y generosidad son dos palabras que siempre las asocio a su recuerdo.

Su aportación ha sido inmensa en muchos aspectos. Contribuyó a sentar las bases de la nueva masculinidad, aconsejando “pico y pala” al profesorado para cambiar las actitudes y los valores machistas de nuestra sociedad. Seguramente muchos niños y niñas, sin conocerle, pero a través de los/as docentes que le escucharon, habrán recogido esa semilla del cambio.

Le conocí bien y por eso puedo hablar de cómo era humana y profesionalmente. No en vano compartí varios años de carrera en un piso de estudiantes en épocas difíciles de aquella España, con manifestaciones y huelgas constantes, que acabada de enterrar al dictador. Tuve la oportunidad de debatir y contrastar muchas y buenas ideas y valores en largas sesiones, junto a varios cafés y cigarros, que pretendían una hermosa revolución en aquella España que necesitaba abrirse a Europa.

Honesto y comprometido con sus ideas como pocos, llevaba a su vida cotidiana, con su compañera, con sus amigos, con la gente que conocía, aquello que pensaba, sin acritud. Jamás lo vi enfadado, con una sonrisa de pillín que le era propia, porque era tolerante y comprensivo. Una buena persona. Un ser humano cariñoso, cercano y afectuoso. Por eso, sobre todo, era tan querido y estimado.  Por esa característica le recordaremos. Esto es lo que me sale decir de él, ahora, sobreponiéndome a una emoción y una congoja que no deja fluir mis ganas de compartir muchas más cosas sobre Julián, pero que me sirve en este momento para sobrellevar el duelo de su pérdida.

Nos ha dejado, víctima de este virus destructor que siega vida y esperanzas, como una guadaña afilada, despiadada, que nos está dejando a todos desolados con muchos miedos e incertidumbres. Sin contemplaciones de ninguna índole. Un virus que ha inoculado en nuestro cerebro el miedo y la sospecha del otro/a y que se quedará mucho tiempo más después de que el confinamiento se acabe. ¿Cuándo volveremos a abrazar como antes? ¿Cuándo nuestros besos no tendrán que ser controlados? ¿Cuándo dejaremos que los cariños y los afectos salgan sin cortapisas?  Nos va a costar y en el camino vamos a dejar un sinnúmero de destrozos afectivos.

Un virus cruel que ni siquiera te permite despedir a quienes has llevado en un lugar especial de tus recuerdos a lo largo de estos años. Aunque él nos diría que adelante, que siguiéramos teniendo esperanza en las personas y su capacidad de cambio social, lo cierto es que no se merecía esta muerte. No es justo. Era merecedor de otra despedida, más amable, más humana y cercana. No tan fría. No tan mala.

Adiós, amigo, un abrazo que te abarque todo.


Para quienes no conozcan a Julián Fernández de Quero, les dejamos un link de una entrevista realizada el año 2015 en el medio www.campodecriptana.info: https://www.campodecriptana.info/reportajes/988-julian-fernandez-de-quero-y-la-educacion-sexual


Si quieres más información sobre el trabajo educativo de José Luis García, visita su página web: www.joseluisgarcia.net