El presente artículo pretende evidenciar la presencia de adicciones en diferentes etapas del desarrollo humano. Aunque hay más riesgos en situaciones de “pobreza, la desesperanza y los antecedentes de abuso físico o sexual en la niñez se encuentran entre los factores que aumentan drásticamente el riesgo de beber en exceso” (Berk, 2014, p. 148), las adicciones están entre la sociedad y en el mundo.

Muchos trastornos mentales coexisten con adicciones y un tercio de los accidentes fatales de vehículos son por causa de consumo de alcohol. La intención es reconocer la importancia de acciones preventivas, intervención y tratamiento por parte de los psicólogos en las diferentes etapas de la vida de sus pacientes y comunidades teniendo en cuenta los siguientes riesgos y vulnerabilidades:

1.- Recién nacidos. Algunas mujeres en estado de embarazo consumen cocaína y heroína durante la gestación para «escapar temporalmente de una vida cotidiana de desesperanza» (Berk, 2014, p. 83). No podemos juzgarlas, necesitamos apoyarlas a ellas y a sus bebés. Si logramos que las madres que consumen cigarrillos dejen de abusar de él en cualquier momento de su embarazo, el riesgo será menor que si continúan fumando durante todo el tiempo. Lo mismo ocurre con el consumo de alcohol durante el embarazo. Cuanto más consumo de alcohol, más dificultades para el desarrollo del bebé, incluidos problemas cognitivos y físicos (Berk, 2014).

2.- Adolescentes. Esta es una etapa del desarrollo de muchos cambios a nivel físico, emocional, biológico y cognitivo. Se trata de una etapa de vulnerabilidad para diferentes problemas de salud mental, incluido las adicciones para aquellos niños con factores ambientales previos, raíces genéticas, así como población general con menor riesgo. Este es un momento de búsqueda de sensaciones, curiosidad, amigos que consumen y proporcionan drogas, programas de televisión e Internet. Los adolescentes también aprenden mediante el aprendizaje indirecto viendo a los adultos a su lado en cómo manejan el estrés y usan cafeína, alcohol y otras sustancias para hacer frente a sus dificultades.

Todos estos factores inducen a los adolescentes a comenzar a experimentar con las drogas. Algunos de ellos cruzan la ligera línea del uso al abuso (Berk, 2014). Al igual que en los recién nacidos, el abuso de drogas durante la adolescencia afecta al cerebro, sus neuronas y conexiones que dificultan la toma de decisiones. Este también es un buen momento para que los psicólogos especialistas en adicciones ayuden a mejorar las estrategias de afrontamiento, brinden asesoría familiar, apoyo con estilos parentales, ayuden a prevenir el uso y abuso de sustancias psicoactivas. Así como la adicción conductual, siendo las más comunes el uso del Internet y los juegos de azar (Mack, Brady, Miller y Frances, 2016).

Los programas preventivos ayudarían a interrumpir el círculo vicioso que es el abuso de sustancias producido por problemas de adaptación que son causa y consecuencia de la ansiedad, depresión, y conductas antisociales entre otras. Estos permiten que algunos adolescentes tomen decisiones prematuras como contraer matrimonio, tener hijos, y/o trabajar. Si fracasan, el círculo vicioso comienza de nuevo, continúan usando drogas como estrategia de afrontamiento (Berk, 2014). Es importante trabajar sobre toda la población, sin embargo, las mujeres son más vulnerables al abuso de sustancias psicoactivas y a la dependencia a las mismas. Los psicólogos podemos intervenir a tiempo y realizar las remisiones respectivas cuando se encuentra una persona que tiene experiencias traumáticas como antecedentes de abuso físico o sexual.

3.- Adultos mayores. Algunos adultos mayores también abusan especialmente del alcohol y los medicamentos recetados (Mack et al., 2016). Hay un momento de cambio de la edad adulta media a la adultez mayor que trae estrés porque pueden comenzar los problemas de salud, soledad, pérdida de la independencia (Berk, 2014). Esto significa que hay mucho por hacer en esta población antes de que se inicie o continúe el uso de sustancias como estrategia de afrontamiento. Es mejor trabajar en programas de prevención que en programas de intervención, especialmente para el paciente. Los programas de intervención son más costosos y necesitan más tiempo y recursos.

Por eso, como psicóloga clínica interesada en la problemática de las adicciones, tengo la responsabilidad ética de trabajar tanto en programas preventivos como en intervenciones creadas para las necesidades de cada paciente.

Como psicólogos tenemos muchas barreras para trabajar desde la perspectiva de la prevención. Una de ellas es si se hace un trabajo solitario en cada institución en la que estamos. El único lugar que conozco en el que podemos hacer intervenciones es de forma independiente es el asesoramiento individual o grupal. La barrera es que no todas las personas acuden a terapia o cuando lo hacen es por remisión o porque los síntomas o consecuencias sociales están fuera de control. Por lo tanto, como psicólogos podríamos trabajar en la familia, en la escuela, en el lugar de trabajo, en las universidades, en las iglesias, y/o en las bibliotecas. En suma, en la comunidad con el uso de la salud teleconductual y biblioterapia.

La telesalud y la biblioterapia se pueden utilizar en el marco de programas preventivos para evitar que las personas consuman o abusen de sustancias y desarrollen adicciones conductuales. Los programas de prevención son importantes en cualquier momento, pero especialmente en los tiempos actuales de COVID-19. Contribuirían durante el desarrollo a lo largo de la vida antes de que las personas comiencen a tener problemas con sustancias como cigarrillos, alcohol, marihuana, heroína, cocaína entre otras. También pueden disminuir la posibilidad de desarrollar adicciones conductuales como la adicción al Internet, a los juegos, a las compras, al sexo, entre otras; cuyo factor común es la compulsividad (Mack, et al., 2016).

Referencias

  • Berk, L. E. (2014). Development through the lifespan [Desarrollo durante la vida]. 7th ed. Hoboken, NJ: Pearson.
  • Mack, A. H., Brady K.T., Miller S. I. y Frances R. J. (2016). Clinical textbook of addictive disorders [Libro Clínico para desordenes de adicciones]. 4th ed. New York, NY: Guilford.