Bullying, matonismo, acoso escolar… aunque hay varias formas de designarlo, en todos los casos estamos haciendo referencia a un conjunto de situaciones, normalmente continuadas en el tiempo, de maltrato entre grupos de escolares que suele incluir agresiones físicas, robos, insultos, presiones, humillaciones, amenazas, marginación, aislamiento…

Ante estas situaciones, es normal que el menor que las padece desarrolle un conjunto de síntomas, tanto físicos como mentales, que afectan de forma preocupante a su desarrollo. Son muchos los casos de menores en estas circunstancias que manifiestan cuadros ansioso-depresivos, así como somatizaciones contingentes al entorno escolar: dolor de barriga cuando hay que ir al cole, náuseas cuando está en clase, dolor de cabeza cuando se acerca la hora del recreo…

Para que se den este tipo de situaciones, hay autores que han establecido que debe existir un contexto social donde la estructura del grupo es fundamental, así como el sentimiento de pertenencia al mismo. En este tipo de contextos además se suelen distinguir tres tipos de alumnos:

  1. Rechazado/Impopular, suele ser el blanco claro y directo del bullying entendido a nivel de agresión física y/o psicológica con manifestaciones claras de maltrato o insultos.
  2. Aislado, aquel que no sufre golpes o malas palabras pero sí siente que no es aceptado por sus compañeros y no consigue formar parte de ningún grupo.
  3. Popular, aquella persona líder a los que todos “siguen” y con quienes todos los compañeros quieren tener alguna relación

La mejor forma de acabar con este problema es trabajando desde la prevención y educando a nuestros hijos bajo unos valores de respeto y cordialidad con el prójimo. Pero desafortunadamente a día de hoy aún quedan muchos pasos que dar para conseguir eliminar esta lacra de las aulas y la única forma de poder ayudar de algún modo a las víctimas de bullying desde la Psicología, sería:

  1. Enseñar y fomentar el desarrollo de estrategias de afrontamiento (que no confrontación):
    1. Desarrollo de habilidades sociales.
    2. Estrategias de autoprotección y resolución de conflictos.
  2. Proporcionar una red consolidada de apoyos externos.
  3. Desarrollar una mediación educativa como estrategia en la que trabajar conjuntamente con agresor y agredido.
  4. Finalmente, en casos de difícil resolución o consecuencias demasiado graves, valorar la conveniencia de un cambio de centro educativo.

Referencias:

Cerezo, F. Violencia y victimización entre escolares. El Bullying. En Méndez, F, Espada J y Orgilés, M. (2006): Terapia psicológica y educativa con niños y adolescentes. Estudio de casos escolares. Pirámide. Madrid.