El abuso sexual durante la infancia y adolescencia es mucho más frecuente de lo que podría parecer. La mayoría de las personas que han sufrido este tipo de maltrato no lo cuentan hasta que son adultas. La literatura científica evidencia que el abuso sexual a menores ocurre en todos los países estudiados y que la prevalencia global entre mujeres se encuentra alrededor del 20% y la de los hombres entorno al 10% (Chen & Chen, 2005; Pereda et al, 2019; Sawrikar & Katz, 2017). Esto indicaría que 1 de cada 5 niñas y 1 de cada 10 niños sufren abuso. Estas cifras podrían ser más altas ya que muchos de los estudios se han realizado a través de entrevistas directas con los participantes lo que podría haber supuesto que muchas personas no quieran reconocer el abuso. Los estudios actuales, a través de encuestas on-line anónimas podrían facilitar la expresión y reconocimiento de hechos dolorosos. Esto puede suponer un aumento de los casos.

Las mujeres tienen un riesgo mayor que los varones de vivir experiencias de abuso, pero ambos niñas y niños son vulnerables a este terrible hecho.

En relación a quienes son los perpetradores de esta violencia sexual la mayoría de las investigaciones encuentran que los abusadores son en su mayoría varones (OMS, 2003).

Las consecuencias psicológicas pueden ser múltiples y muy variadas. Dependerá de la edad de la víctima, de la duración, de quien fue el abusador y de si fue creída y pudo obtener ayuda durante la infancia.

Según diferentes estudios la edad más frecuente del primer episodio es entre los 6 y los 12 años. Cuánto más temprana es la experiencia, más duradera en el tiempo y más cercana la persona que abusa, más posibilidades de consecuencias psicológicas en la vida adulta (Ferragut et al 2021). Ansiedad, depresión, trastornos emocionales, estrés postraumático, alteraciones físicas y alteraciones de la personalidad son consecuencias usuales en la vida adulta.  Durante la infancia algunos síntomas psicológicos y funcionales podrían ser alteraciones del sueño y de la alimentación, el no control de la orina o conductas sexualizadas.

Es importante tomar conciencia que abuso o violencia sexual no se refiere solamente a violación o penetración. Abuso y violencia es toda aquella relación entre menor y una persona adulta o entre dos menores aprovechándose el perpetrador de su influencia, de su fuerza o de su superioridad. El rozamiento a través de la ropa, solicitar o mostrar fotos o videos íntimos o con contenido sexual, mostrarle pornografía, tocar o acariciar una parte del cuerpo incomodando al menor, tocarle o pedirle que toquen partes íntimas, besarle inapropiadamente, todas ellas son situaciones abusivas y violentas.

El secreto guardado de una generación a otra puede convertir el abuso en una lacra que afecte a varias generaciones de la familia (Ortiz-Tallo & Calvo, 2020). Si una mujer guarda el secreto de lo que le ocurrió con su padre o con su abuelo y después deja a su hija en casa de los abuelos a su cuidado podrá volver a repetirse la historia. En ocasiones son experiencias disociativas como la amnesia psicógena lo que impide que la madre recuerde con nitidez su experiencia infantil e incluso dude de que haya ocurrido.

Los profesionales de la educación y de la salud tenemos la responsabilidad de ofrecer recursos para la prevención. Creemos que esta es la mejor manera de evitar que se repitan las historias de abusos. Recursos para los menores, pero también recursos para los mayores: familias y educadores. Los relatos clínicos de pacientes y la investigación al respecto indican que en muchas ocasiones los menores intentan contárselo a su madre o a algún otro familiar y que la persona adulta no supo o no pudo ayudarla. El bloqueo emocional ante esta tremenda información impide, incluso a veces a los profesionales, actuar de forma eficaz e inmediata.

La Asociación Con.Ciencia, ubicada en España, trabaja en la prevención de abusos sexuales a la infancia tratando de contribuir a lograr una sociedad más equilibrada y preparada.

Para ello una de las actividades que hemos elaborado es el proyecto titulado “El secreto de Ana”. Consta de un Corto de animación y una Guía para familias y profesorado. Con ello buscamos crear conciencia en la sociedad y también recursos creativos para los menores. Utilizamos un lenguaje visual y artístico que trate de ser efectivo y atractivo a la comunidad.

El corto, tiene una duración de 15 minutos y está dirigido a menores de 5 a 12 años, a sus familias y a la sociedad en general.

La Guía para familias y profesorado es un material de apoyo para que puedan elaborar, en casa o en el aula, actividades de interés con las niñas y los niños, tras haber visualizado el corto de animación.

Con este proyecto pretendemos obtener un beneficio en la comunidad de habla hispana ofreciendo unos conocimientos básicos sobre la realidad del abuso sexual y recursos para detectarlo y afrontarlo.

Los protagonistas de esta historia son una un grupo de niños y niñas, un árbol madre naturaleza, un búho sabio y una perrita. Habitualmente juntos juegan, ríen y se divierten. Tienen una guarida en un árbol en el que se reúnen. El grupo toma conciencia de que Ana últimamente está triste, callada y que no le apetece jugar. A partir de ahí se desarrolla la historia.

Se trata a lo largo del capítulo la tristeza, la capacidad de la intuición para avisar, la importancia del cuerpo, la diferencia entre los secretos malos y buenos, la necesidad de tener 5 personas adultas de seguridad y la importancia de contar los secretos que hacen daño. Se finaliza con música y una canción escrita y realizada por especialistas del equipo. Así las niñas y los niños pueden aprender cantando y bailando con un estribillo de rap y transmitir un mensaje importante: No estás [email protected], Yo te escucho.


En nuestra web tienes acceso a un tráiler de algo menos de dos minutos: https://asociacionconciencia.com/el-secreto-de-ana/. Si tu centro educativo, tu institución o tu familia estáis interesados en el proyecto escríbenos a: [email protected]

Referencias

  • Chen, J.Q. & Chen, D.G. (2005). Awareness of child sexual abuse prevention education among parents of Grade 3 elementary school pupils in Fuxin City, China. Health Education Research, Theory & Practice, 20(5), 540–547.
  • Organización Mundial de la Salud (2003). Guidelines for medico-legal care for victims of sexual violence. Geneva: World Health organization. https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/42788/924154628X.pdf?sequence=1
  • Ortiz-Tallo, M., & Calvo, I. (2020). Child sexual abuse: Listening to the victims. Archives of Community Medicine Public Health, 2, 135-137. https://dx.doi.org/10.17352/2455-5479.000092.
  • Pereda, N., Guilera, G., Forns, M. & Gómez-Benito, J. (2009a). The international epidemiology of child sexual abuse: A continuation of Finkelhor. Child Abuse & Neglect, 33, 331-342.https://doi.org/10.1016/j.chiabu.2008.07.007
  • Sawrikar, P. & Katz, I. (2017). How aware of child sexual abuse (CSA) are ethnic minority communities? A literature review and suggestions for raising awareness in Australia. Children and Youth Services Review, 81, 246-260. https://doi.org/10.1016/j.childyouth.2017.08.015

Dra. Margarita Ortiz-Tallo, equipo Asociación Con.Ciencia.